29 de Marzo, 2010

Lieja busca abrirse más a Europa

Después de 12 años de obras y más de 400 millones de euros, la ciudad belga de Lieja inauguró el pasado 17 de septiembre una nueva estación de tren de alta velocidad, que la integra a la red internacional de grandes ciudades como París, Londres, Bruselas o Frankfurt.

La nueva estación, que costó el doble de lo presupuestado, fue diseñada por el famoso arquitecto español Santiago Calatrava para “proyectarla hacia el futuro”, dándole impulso a una ciudad fuertemente golpeada por la decadencia de la industria siderúrgica y que empieza a cambiar su silueta siguiendo el ejemplo de otras urbes como Bilbao.

Sin embargo, la inauguración estuvo rodeada de polémica ya que varios grupos ecologistas critican la colosal inversión que supuso el proyecto frente al estado deplorable en el que se encuentra la red ferroviaria en general, así como el hecho de ser una estación poco ecológica, aunque Calatrava expresó que se usaron materiales reciclables fabricados a “distancia razonable” de la estación para reducir su huella de carbono.

Lieja, enclave episcopal milenario a orillas del río Mosa, espera así reactivarse y dar a conocer sus atractivos turísticos más emblemáticos como el Palacio de los Príncipes-Obispos, la iglesia de Saint-Barthélémy y sus pilas bautismales, la catedral de Saint-Paul, el ayuntamiento o Le Perron, el monumento más famoso de la ciudad que simboliza las libertades autonómicas de Lieja bajo el Antiguo Régimen.

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16 de Marzo, 2010

Viajando por Nueva Zelanda (XI)

Después de 10 días sin conexión y un montón de acontecimientos que nos han puesto al límite, hemos llegado a nuestro destino, el sur de la isla sur: Bluff, bueno, es Stewart Island pero allí cruzaremos mañana en ferry y no se puede acceder en bici ya que es el último rincón de Nueva Zelanda que continúa intacto conservando toda su flora y fauna original. Lo cierto es que hemos tenido mucha suerte ya que la organización Forest and Birds nos ha regalado el viaje o sea 260 dólares, menos mal porque teníamos dudas sobre si ir, aún nos quedan 2 meses aquí en este país!!! Llegar hasta este sitio ha sido duro, sobre todo la última semana, hemos pasado por  pueblos históricos como Arrowtown o grandes ciudades como Queenstown, llena de gente y de actividad; desde ésta cogimos el barco a vapor para llegar a una carretera de grava que nos llevaría a Te Anau, la antesala de los Fiordos.

Hacer esta ruta ha sido un auténtico calvario con los carritos, el primer día recorrimos 50 km de montaña, y El.la no quería estar en el carro botando constantemente así que tuvimos que hacer buena parte del viaje caminando, lo que nos llevó 10 horas hasta llegar al camping al lado del Lago Mavora Lakes, otro de los grandes escenarios de la trilogía “El Señor de los Anillos”.

Pero eso no fue lo peor, al día siguiente nos quedaban 30 km de los cuales 15 eran sobre grava de 10 cm de grosor, imposible de seguir con los carros, sin agua, y con El.la quejándose constantemente. Para nuestra fortuna, una señora nos vio y vino al camino a buscarnos para invitarnos a pasar la noche en su casa, estábamos tan exhaustos que no ibamos a negar nuestra buena suerte y compartimos una agradable velada con su familia. Ya frescos por la mañana llegamos a Te Anau donde dejamos las bicis y nos fuimos en bus a coger un crucero a lo largo de Mildfordsound donde vimos focas, delfines, saltos de agua, etc. Después, seguimos nuestra ruta hacia Doubtfulsound, otro fiordo  que empieza en el Lago Manapouri, lleno de jejenes pero uno de los lagos mas bonitos del país y el segundo más profundo.

De ahí ya sólo estábamos a 4 días de llegar a nuestro destino, pero supongo que El.la estaba algo cansada de los tres meses que llevamos en ruta y ha hecho de los últimos días casi una pesadilla en la bici. Hacer 20 km nos costaba 4 horas, afortunadamente siempre encuentras gente que te ayuda y por fin estamos aquí!!! Bastante más rápido de lo que pensábamos. Estamos super contentos, y como siempre nos ha acompañado la fortuna ahora no iba a ser menos: estamos en una Homestay (alojamiento con una familia) llamada Eco-Fernbird que tiene una casa dentro de una reserva natural. Estoy aprendiendo un montón de cosas sobre reciclaje, y disfrutando de la cordialidad de la gente. Ahora nos vamos a tomar unos días de relax y ya veremos como continuamos nuestra aventura, besos y hasta pronto!!!

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10 de Marzo, 2010

De cafeterías por Viena

El “café vienés”, bebida omnipresente en las cartas de muchos establecimientos alrededor del mundo, surge de una institución muy arraigada en las costumbres austriacas desde el siglo XIX: sus cafeterías.

Así, Viena cuenta con cientos de Kaffeehäuser (o cafeterías en alemán) en los que la clientela acostumbra pasar largos ratos en compañía de un buen café y del vaso de agua fría de rigor, como hacían en otros tiempos grandes personalidades del mundo intelectual, artístico y político. Entre otras funciones están las de jugar billar, bridge o ajedrez, disfrutar de música en vivo, asistir a veladas literarias y acontecimientos sociales varios, o simplemente, comer algo a cualquier hora del día.

Aunque se caractericen por un mobiliario y una decoración clásica, modernista y bastante cómoda, los hay bohemios, descomplicados, fríos, modernos y lujosos. A una larga carta de bebidas calientes se le suman tartas, bizcochos, dulces vieneses, o incluso platos salados, como salchichas por ejemplo, servidos por camareros que aún hoy en día respetan la etiqueta más rigurosa en cuanto a su presentación y maneras.

Otra variedad de cafés son los Konditorein, locales diurnos con precios más asequibles y para estancias más cortas, ya que la gente acostumbra pedir en la barra. Su café es excelente también y brillan por su repostería.

La página oficial de turismo de Viena destaca las siguientes cafeterías por su ecoetiqueta, una atribución por parte de la Unión Europea que garantiza un alto nivel de protección ambiental en varios aspectos unificados para todos los países miembros: Bellaria, Diglas, Gerstner K & K Hofzuckerbäcker, Hofburg, Landtmann beim Burgtheater, Mozart bei der Oper, Museum, Prückel, Schwarzenberg, Sluka, Cuadro, Sperl, Zu ebener Erde und erster Stock, Café Weimar bei der Volksoper, YLK y Café-Restaurant Residenz Apfelstrudel Show Schönbrunn.

A esta lista (que incluye a muchos de los cafés más famosos y tradicionales de Viena) se le suman: Bräunerhof, Café Central, Demel, Griensteidl, Hawelka, Herrenhof, Korb, Landtmann, Markusplatz, Ministerium, Raimund, Sacher,Schottenring, Tirolerhof, Kaffee Alt Wien y Kleines Café, en Innere Stadt, el centro de la ciudad.

Categorías: Urbeland

8 de Marzo, 2010

Viajando por Nueva Zelanda (X)

El lunes, inesperadamente, nos tuvimos que quedar en Wanaka porque cuando Wouter se levantó no se sentía muy bien. Pasó todo el día en cama, aunque el martes ya estaba mejor y me pudo seguir durante toda la ascensión desde Crown Range hasta Arrowtown. Salimos de Wanaka sobre las 10 de la mañana y hacía muy buen tiempo. Los primeros 25 kilómetros hasta Cardrona no fueron demasiado complicados, aunque es todo cuesta arriba. Allí nos tomamos un café, nos comimos un pastel de manzana holandés y dejamos que Ella jugara un rato en el jardín del restaurante antes de comenzar la segunda subida.

La pendiente comenzó a empinarse cada vez más, aunque todavía podíamos seguir pedaleando sin demasiados problemas. El paisaje era espectacular y la primera parte de la ascensión nos recordó España. A partir de Cardrona parece que hayas entrado en la Patagonia. El calor era intenso y los últimos 4 kilómetros fueron muy duros. Cuando quedaba 1 km tuvimos que bajar de la bicicleta. No fue fácil arrastrar las bicicletas con ese calor, pero al llegar a la cumbre, la vista de las montañas, el valle y Queenstown era sensacional.

Nos habían dicho que la bajada era peligrosa, así que Wouter mantuvo una distancia prudencial conmigo. No me suelo arriesgar de manera innecesaria, pero yo se quedó atrás por si acaso. La primera parte de la bajada fue auténticamente espectacular: rampas empinadas y curvas muy abiertas en las que apenas era necesario frenar. Wouter sintió que el carrito iba dando tumbos de lado a lado, así que tuvo que disminuir la velocidad… rodaba casi a 80 km/h, lo cual no era muy sensato cuando arrastras un carro de 50 kg.

La segunda parte del descenso era mucho más peligrosa y tenía muchas curvas de 180 grados, como en los grandes puertos de montaña del Tour de Francia. No calculó bien el peso del carrito y cuando se encontraba casi en la parte final de la bajada sintió que el carro se le acercaba y lo lanzaba fuera de la carretera. Se cayó sobre el asfalto, su muslo impactó contra el manillar y el carrito le golpeó en la rodilla después de hacer un giro de 360 grados. Se le soltó el manillar, la manilla del freno se dobló por completo, la funda del sillín se rompió y un lado del carro quedó lleno de arañazos. Se levantó, comprobó los golpes y se dió cuenta de que estaba bien, ningún hueso roto. Debió haber ido mucho más despacio en las curvas de 180 grados…

Llegamos finalmente a Arrowtown, nos dimos una buena ducha caliente y nos fuimos pronto a dormir, después de un día emocionante y 38 km de subida. Al día siguiente llegamos a Queenstown después de un fácil recorrido de 20 km desde Arrowtown. Nos pasamos el día paseando por la ciudad que, a pesar de ser muy turística, es un lugar muy agradable. Hoy (27 de enero) salimos hacia Te Anau. Iremos en barco de vapor hasta Walter Peak Station y luego por una carretera secundaria a Te Anau pasando por los lagos Mavora. Tardaremos dos días en llegar allí, así que ya os contaremos el fin de semana.

Categorías: Eco-responsable

2 de Marzo, 2010

Viajando por Nueva Zelanda (IX)

Finalmente, Ella estuvo muy enferma y llegó a los 40,2 grados de fiebre. Estuvimos despiertos toda la noche tomándole la temperatura cada hora y en tres ocasiones la metimos en agua fría para bajarle la fiebre. Sobre las 5 de la mañana, la temperatura corporal le había bajado a 38,2 y era evidente que se sentía mejor.

Llamamos a un médico para asegurarnos de que estos síntomas no habían sido causados por alguna enfermedad extraña y el doctor nos aconsejó que estuviéramos pendientes de la fiebre y tratásemos de que no subiera demasiado.

Decidimos llegar a Wanaka tan rápido como pudiésemos, así que salimos de Hawea a las 10.30 de la mañana. Ella se encontraba débil, pero ya no tenía fiebre. Tras solo 15 km llegamos a Wanaka y reservamos una habitación en un motel con unas espléndidas vistas al lago. Ya que Ella todavía se estaba recuperando, y como no habíamos parado durante dos jornadas, pensamos que nos merecíamos un poco de lujo. Por cien dólares la noche, alquilamos una habitación con baño (spa), TV, frigorífico y una terraza que daba al lago y a las montañas. ¡Era hora de relajarnos!

Pasamos el fin de semana en Wanaka, descansando y paseando como unos auténticos turistas… y lo estamos aprovechando mucho.

Wanaka es un lugar encantador, situado junto al lago y rodeado de montañas. El ambiente es muy tranquilo, aunque no aburrido. Hay un montón de cosas para hacer durante el día. Los turistas van al montar en monopatín a un parque debidamente habilitado, salen a correr, practican ciclismo, vela o esquí náutico, caminan junto al lago, toman el sol, montan a caballo…

Solo llevábamos allí dos días y ya habíamos visto un torneo de monopatinaje, una competición de mountain bike y otra de vela, habíamos ido a un cine al aire libre en el parque y a un mercado de artesanos… y a todo esto llegamos andando desde el motel. El lugar tiene mucha actividad sin ser demasiado turístico. Nos ha parecido un lugar extraordinario para descansar. Por otra parte, las bicicletas necesitaban una buena limpieza y revisión, así que las llevamos al taller para comprobar que todo estaba en orden. Las pastillas de freno de la mi bici estaban totalmente gastadas y había que cambiarlas. Mi bicicleta también estuvo chirriando durante las últimas tres semanas debido a un desajuste del eje trasero y los mecánicos también lo repararon. Una de las abrazaderas de la bici de Wouter se estaba desgastando por el peso del carrito y tuvimos que cambiarla.

Un periodo de tres meses en la carretera arrastrando dos carritos es mucho peso para las bicicletas y finalmente hay piezas que deben cambiarse. Con las bicis, piernas y mentes renovadas salimos hacia las montañas Crowne, una subida de 40 km, pero antes disfrutamos de un domingo relajado y del tiempo cambiante de Wanaka…

Categorías: Eco-responsable

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