14 de Enero, 2010
Viajando por Nueva Zelanda en bicicleta (VII)
Fin de añoÂ
Llevamos 15 dÃas de acantilados, playas salvajes y mucha lluvia. Desde la última vez hemos ido a escenarios cada vez más increÃbles. Pasamos Nochevieja en Murchinson con una pareja anglo-belga con una peque de 3 años bailando claqué y fueros ellos también los que nos rescataron del diluvio del dÃa 3 de enero. El caso es que ya nos habÃamos separado y paramos en lo que habÃa sido un antiguo pueblo resultado de la fiebre del oro llamado Lyell, en el que hoy dÃa solo queda el cementerio, el rio y un camping muy sencillo.  Pasamos toda la tarde divirtiéndonos buscando oro y sacando a la El.la del rio. Por la mañana nos despertamos en un camping inundado y lloviendo a cántaros. El agua habÃa entrado en la tienda asà que yo me puse en un pequeño cubierto de 2 metros mientras Wouter recogÃa la tienda y todas nuestras cosas bajo el gran diluvio. Desesperados pensando cómo Ãbamos a salir de ahÃ, vimos la furgoneta de la pareja que habÃa pasado el fin de año con nosotros. Nos estaban buscando. Sospechaban que estarÃamos en problemas. Nos acercaron a Westpot donde pasamos 3 dÃas esperando que aclarara el tiempo para seguir nuestra ruta hacia los glaciares siguiendo la costa oeste.
Â
Pedalear aquà no tiene desperdicio, disfrutas cada pedalada, cada subida y bajada, el escenario cambia constantemente de playas rocosas a bosques tropicales y de repente una playa de arena blanca con una colonia de focas tomando el sol y si no, ¡pingüinos cruzando la carretera!!!
Â
Casi toda la costa oeste eran pueblos que se dedicaban a la extracción de oro y en algunos de ellos como en ROSS puedes alquilar una bandeja para aventurarte en el rio a ver si tienes suerte. Justo en este pueblecito conocimos a una nueva familia. El padre era vasco y nos invitaron a una barbacoa en su casa.
Â
Al dÃa siguiente paramos en Hari Hari y pasamos la noche en una granja con una familia que nos dejó la casa de invitados y de ahà emprendimos nuestro camino hacia Franz Josef Glaciar. Ya nos queda menos para llegar al sur y parece mentira cuando miramos atrás todo lo que hemos avanzando. Estos últimos dÃas estamos haciendo 60 km al dÃa y El.la lo está haciendo genial. Lo que más le gusta cuando paramos, es tirarse a alguno de los miles de lagos que nos vamos cruzando. ¡Os seguimos contando!
Categorías: Eco-responsable
Deje un comentario