10 de Noviembre, 2008
De blogs, riesgos y compromisos*
Cuando la megalomanía y el delirio de reconocimiento llegan a un estado patológico suele provocar daños irreversibles. La Red se ha convertido en un refugio de la libertad, pero también en una guarida del autoritarismo. Hay blogguers que entran en pánico cuando baja su nivel de visitas, pero los hay peores, los que pataletean y liberan la soez cuando alguien más que disentir se aprovecha de la injuria como recurso para criticar. Entonces vienen las prácticas antidemocráticas, los filtrados, las moderaciones y las supresiones de comentarios que mutilan el espíritu de la esa tan aclamada Web 2.0.
Las fronteras entre el disentimiento, la crítica y la polémica con los territorios de la ofensa son muy delgadas, a veces imperceptibles, plagadas de un fuego que ofusca, enardece y hace perder el control al más apacible de los humanos. Pero contestar airado, proferir maldiciones e improperios, ofuscarse con posiciones inflexibles y sectarias es lamentable porque se pierde el control del espacio y el autor se coloca en la misma posición de quién agrede, soliendo ser muchas veces más “troglodita” que el propio injuriador.
A nadie le gusta que le tiren piedras a su tejado, pero cualquiera tiene el derecho de lamentar el estado de ese tejado, sobre todo cuando nos cobijamos bajo él. Así veo la relación blog-post tan temida en la industria hotelera por los comentarios que un cliente podría dejar con una carga brutal de mala leche. También es cierto que cada cual hace lo que le parezca con su espacio y decide qué política seguir, pero entre evitar post y moderarlos no hay mucha diferencia, ese comportamiento muestra falta de transparencia y devela una incapacidad para enfrentar la ofensa, el vapuleo y la crítica destructiva. También devela desconfianza en el valor de la herramienta que es alimentada y potenciada por usuarios-clientes satisfechos y que reaccionarán inmediatamente contra cualquier actitud negativa y escandalosamente fecunda en oprobio.
Y no asistimos a nada que nos sea nuevo. En el pasado el cliente abandonada el hotel y podía horrorizar a sus amigos, publicar en cualquier libelo impreso toda su saña, incluso llamar repetidas veces al hotel para fastidiar. Si este cliente era una autoridad en cualquier medio era peor entonces y el hotel quedaba más expuesto. Sin embargo, ahora, aunque en apariencias un blog, un foro o un chat pueden parecer zonas de peligro para una institución es todo lo contario, es una zona de mayor conocimiento del usuario y una posibilidad de interacción que requiere de tino, tacto y talento comunicacional, todo condimentado con un nivel ético consecuente y una política coherente que el cliente entienda y respete. Un blog no es un juego tecnológico para fidelizar clientes, es un compromiso público, es un servicio más que hay que ofrecer con calidad.
*Este post estuvo motivado por cierto suceso, en un prestigioso blog personal, entre su autor y seguidores, pero es un pretexto para tocar un tema que sigue siendo polémico en el sector hotelero.
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